“Agora me puxeron a pandeireta na man se me peta na cabeza tocarei ata mañán”
Una exposición para poner el foco en todas las mujeres que mantuvieron viva la poesía y la música de tradición oral, y también para conocer cómo fue evolucionando su recogida y puesta en valor a lo largo del tiempo. Tesoureiras do noso es una muestra en la que la Biblioteca de Galicia, con motivo del Día de las Letras Gallegas 2025, recopila libros, cancioneros y material audiovisual para comprender a todas esas mujeres que empezaron a tocar y cantar con platos y azadas por pura necesidad de diversión y disfrute, hasta llevar su legado a los escenarios.

La muestra se compone de seis paneles que recopilan la historia de las cantareiras desde los siglos XVII y XVIII hasta la actualidad. Además, también habrá una sección audiovisual donde se podrán ver documentales y grabaciones de campo.
Frei Rosendo Salvado y Rosalía de Castro ya se interesaron en su tiempo por las cantigas populares gallegas, considerándolas "pura poesía, sin artificio", a pesar de estar en una lengua diferente de la oficial y provenir de mujeres campesinas, de clase baja. Rosalía fue, de hecho, quien más se identificó con esa literatura, empatizando con el sentimiento del pueblo y llevándolo a las altas esferas de la época. En ese primer momento, se recopilaban únicamente las coplas, pero, con el paso del tiempo y la llegada de las tecnologías, el foco se dirigió también hacia los ritmos y el baile, que siempre acompañaban a las cantigas.
Cabe destacar el interés de personas extranjeras como Dorothé Schubarth, Alan Lomax o Gustav Henningsen por nuestra tradición. Llegaron a Galicia desde distintas partes del mundo en la segunda mitad del siglo XX y recorrieron el territorio recogiendo el patrimonio inmaterial que las mujeres de las aldeas fueron conservando.
Entre los documentos que recoge esta muestra, comisariada por la técnica de la Biblioteca de Galicia Carina Fernández Faya, hay recortes de prensa, fotografías, comentarios de grandes recopiladores de material como Dorothé Schubarth, coautora junto a Antón Santamarina del “Cancioneiro popular Galego”, considerada la Biblia de nuestra tradición oral. También destacamos la obra póstuma de Sarmiento, donde deja patente la importancia del papel de las mujeres en esta tradición, y la casete “Recolleita”, la primera grabación hecha en Galicia en la que interviene una pandereteira. Con el tiempo, las nuevas generaciones recogieron el relevo de las cantareiras y, hoy en día, la música popular puede escucharse en decenas de grupos que la ponen en valor desde una perspectiva contemporánea.
Dende las homenajeadas a cientos de tesoreras lejos de los focos
La Real Academia Gallega acordó dedicar el Día de las Letras Gallegas 2025 a la poesía popular oral, personificada en Adolfina y Rosa Casás Rama, de Cerceda; Eva Castiñeira Santos, de Muxía; y Manuela Lema, Teresa García Prieto, y Prudencia y Asunción Garrido Ameixenda, estas cuatro integrantes de las Pandereteiras de Mens (Malpica). Estas últimas, de hecho, llamaron la atención de la Sección Femenina de A Coruña y posteriormente de Manuel Cajaraville, de la Agrupación Folklórica Aturuxo, y acabaron llevando sus panderetas a escenarios de países como Francia o Argentina.

Sin embargo, son cientos las mujeres que, a lo largo del territorio y de los años, mantuvieron viva nuestra tradición oral. Las cantareiras hacían música, cantaban y bailaban para divertirse. Lo hacían por pura necesidad, dado que hasta los años cuarenta del siglo XX no había músicos profesionales que llegaran a las aldeas. De hecho, muchas lo que querían era bailar, pero, para eso, tenía que haber música que sostuviera el baile.
“Axudádeme a cantar, nenas da miña aldea; axudádeme a cantar, que estou en terra allea, aila la la ai la la la”

Los cantos y bailes se organizaban o improvisaban después del trabajo colectivo (moliendas, matanzas…) o en las celebraciones. Se hacían al aire libre o en las casas o cobertizos del vecindario. No había repertorio, ni programación, ni ensayos previos, todo era improvisado, informal. Quien quería aprender tenía que observar a los demás. Las cantareiras hacían turnos para cantar, tocar y bailar (el relevo).
Esta exposición las homenajea a todas ellas.














