El Ecoespazo CISPAC del Edificio Fontán acoge desde lo 2 de diciembre de 2025 hasta el 30 de enero de 2026 la exposición O Corro dos Mouros: una larga historia… La monumentalidad ritual-funeraria desde el Bronce Final hasta la Segunda Edad del Hierro en Galicia. La muestra acerca una síntesis sobre este destacado yacimiento prehistórico de Adai (Lugo), caracterizado por su monumentalidad y por la continuidad de sus usos rituales, y en el que fueron encontradas más de 1.200 nuevas piezas arqueológicas en la última campaña. Puede visitarse de lunes a domingo en horario de 10:00 a 20:00h.
Bajo un paisaje articulado alrededor de mámoas, petroglifos y castros se camufla O Corro dos Mouros, un yacimiento monumental que esconde una larga y compleja historia. Fue un lugar sagrado utilizado para desarrollar ritos funerarios desde el momento de su construcción, en torno al siglo XIII antes de Cristo, albergando una actividad intensa en la Primera Edad de Hierro (entre los siglos VIII y VI a.C.) y siendo clausurado en la Segunda Edad de Hierro, en torno al siglo III antes de Cristo.
La investigación arqueológica del sitio está dirigida por Pilar Prieto Martínez, profesora de la USC e investigadora del CISPAC, con la colaboración de la Asociación de Montes de Adai y financiada por la Xunta de Galicia. Los trabajos desarrollados en el lugar permitieron definir con precisión la estructura monumental del recinto, con un diámetro superior a los cincuenta metros y un parapeto de tierra y piedra que se conserva en varios tramos con notable integridad. Las dataciones por carbono sitúan su ocupación en el Bronce Final, alrededor del siglo XIII a.C., y los materiales recuperados confirman un uso continuado del espacio hasta la Segunda Edad de Hierro.
La historia del Corro dos Mouros continúa en el alta Edad Media, cuando se detecta una posible remoción de la coraza prehistórica que arrastra consigo materiales que allí quedaron depositados, como una punta de lanza de bronce prehistórica datada entre los siglos VIII y VI a.C. En Época Moderna se detecta actividad esporádica, gracias al hallado de fragmentos de dos ollas cerámicas, y finalmente, en el período contemporáneo, la zona se utilizó para desarrollar actividades agrícolas, como lo muestran las huellas de arado encontradas en el exterior del yacimiento, así como actividades forestales.
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