¿Dónde comienza un concierto y termina una danza?
BRUTALISMO es el último trabajo musical de Isabel Do Diego. Un proyecto con el que cierra siete años de investigación y experimentación entre el folclore y la electrónica, y que estrena su versión en vivo el sábado 17 de octubre en la Cidade da Cultura.
Concebido primero como un EP con seis temas originales, Isabel Do Diego consigue en BRUTALISMO. Una danza para concierto, que del baile nazca una electrónica brillante y minimalista, acompañada de una voz mutante y etérea, donde ambas parecen desplegarse más allá del espacio. Una experiencia en la que el cuerpo, como ser vivo, es el puente necesario para que brote la música.
Cuatro nuevos instrumentos: PILARES · VIGA · CORVA · VELETA, acero cromado y madera virgen conectados a software, traducen a música el movimiento. Una exploración de las prácticas más atávicas y atemporales del folclore como forma de expresión y celebración humanas. El cuerpo como instrumento total para encarnar la música de la manera más directa y rotunda.
El EP Brutalismo fue elaborado en Santiago de Compostela durante las Residencias Paraíso 2025 del Colectivo RPM, entre los espacios de la Cidade da Cultura (a través del programa de Residencias Artísticas do Gaiás - REGA), y del Salón Teatro (Centro Dramático Galego).
El quejío electrónico de Isabel Do Diego
Isabel Do Diego –alter ego del artista andaluz Juan Diego Calzada– desarrolla, en su trabajo musical y escénico, un folclore austero, brutalista y sacralizado. Su quejío electrónico abre un cuerpo a la fuga que traba una nueva perspectiva sobre el folclore andaluz. Su música es una prótesis folclórica que trasciende los espacios que la carne no puede habitar. Un ser híbrido. Un cuerpo que, en escena, camina entre lo humano, lo animal y lo espiritual.
Isabel Do Diego habita un universo escénico de gritos y susurros, de melodías tradicionales junto a sonoridades quebradas, de ecos rurales e industriales. Y muchos beats, samplers y sintetizadores. Su canto y baile son monstruosos y de electrónica sacralizada. Un trampantojo escénico que, como alegoría, no es racional ni clasificable, sino que muestra el misterio que guardamos bajo la piel en forma de ceremonia musical.



